lunes, 7 de marzo de 2016

Me mudo de Sitio :)

A partir de ahora seguiré mi actividad literaria y poética en dos blogs de wordpres. 

Uno estará dirigido a escribir ensayos, ejercicios, teoría y totorales de Creatividad y Canto Improvisado. Pueden conocerlo en este enlace. https://improversa.wordpress.com/

Y el segundo estará dedicado a poesías, ensayos y todo aquello que me nace desde adentro. https://mundoaladuria.wordpress.com/

Y recuerden que pueden conocer toda mía actividad (Pedagogía, Música y Creatividad) en mi web www.mundoaladuria.com 

Abrazos! 


Julián Bozzo 

miércoles, 24 de junio de 2015

¿Qué es la Improvisación y porqué es importante en la educación? "Educación emocional y creatividad"

Este escrito resume los contenidos de nuestra formación intensiva dirigida a adolescentes que desarrollamos dentro del programa "Educación emocional y creatividad". 

Muy al contrario de lo que pensamos la improvisación no es hacer lo que nos da la gana; improvisar exige un alto nivel de escucha, atención e inteligencia ejecutiva. Para improvisar hemos de ser conscientes de las posibilidades que hay en nuestro entorno y aprovecharlas para crear algo nuevo. Improvisar es abandonar la queja, nuestra lealtad hacia la carencia y poner toda nuestra atención en sentir que el presente es perfecto y que en él tenemos todo lo que necesitamos para crear y sentirnos plenos.

viernes, 27 de febrero de 2015

Crónica de una niña reconociendo a su padre ausente.



Una alumna de 7 años no conoce a su padre. Desapareció cuando ella nació.

En clase se comporta de forma ausente. Esta sin estar. No se incluye en los juegos y le cuesta estudiar y estar disponible para el aprendizaje y los compañeros. Siempre que me ve, me llama Papá.

-Yo no soy tu papá- Siempre le digo. Ella juega y me dice vale... y cuando se marcha tras darme un abrazo se despide diciendo "Adiós Julián Papá".

Hoy en clase no quería jugar y tras hacer una dinámicas de Pedagogía Sistémica se puso a llorar. Yo no conozco a mi Papá me dijo.

martes, 24 de febrero de 2015

¿Qué puedo hacer yo para que el círculo este mejor? Convivencia en el aula.


 

Al entrar en un sala a dar clase podemos ver cómo los alumnos suelen adentrarse con su energía revoltosa, llena de vida y su hermoso desorden asociado. 
Es normal que tarden un rato en ordenarse, una de las funciones más complicadas del maestro o pedagogo es hacer nada para permitir que sean los alumnos quienes se autorregulen. ¡Tarea compleja nuestra labor! La de estar presente sin dirigir el presente.
A la hora de hacer un círculo desde el que poder trabajar es importante no caer en la prisa y querer terminar siendo nosotros quienes ordenemos el coro. 
Recordamos que los niños (y nosotros también) sentimos antes la intención que el mensaje y de nada sirve decir una cosa y terminar haciendo otra. Mucho menos ahora donde, al menos en España, las clases se han reducido a 45 minutos. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Desconfía de las "Terapias Express"




















Últimamente llega gente a consulta que quiere pasar rápidamente por lo que esta viviendo. Me dicen que no quieren pasarlo mal en la terapia, que quieren consejos y palabras que les ayuden a pasar este mal trago. Habitualmente suelen preguntar cuánto va a tardar la terapia. Que necesitan volver con su "vida normal".

¿En qué consiste la terapia? ¿Cómo saber si estamos haciendo terapia o algún otro tipo de acompañamiento? ¿Cuál es la terapia que más me conviene? Muchas son las preguntas a las que nos enfrentamos la primera vez que hacemos un trabajo terapéutico y muchas son las dudas acerca del saber si estamos o no haciendo un trabajo correcto.


Me llaman la atención aquellas terapias o encuentros en los que el terapeuta nos aconseja y habla por nosotros, diagnostica y analiza. Es muy fácil, piensa uno como profesional, decir lo que "cree que el otro debe oír", mostrarle nuestro arsenal de frases de "Facebook" y hacer que su prurito mental quede satisfecho. Pero no es así, ni tampoco debe ser así.




miércoles, 3 de septiembre de 2014

No vemos la realidad, vemos la fantasía asociada.



Somos incapaces de ver a realidad.

La evitamos constantemente.

Cuando decimos "las cosas como son" o " Yo soy así" no estamos más que viéndonos al final de un camino que aún no hemos transitado, porque no vemos la realidad, vemos la fantasía asociada. Somos incapaces de ver, de desnudar lo que sucede, de dejarnos sentir por el silencio que alberga toda experiencia. La tenemos que estudiar, analizar, gramaticalizar y desmembrar para sentir que hemos "sentido algo" y así poder dar cuenta al secretario que habita en nuestras cabezas.

No vemos la realidad, vemos la fantasía asociada.






sábado, 10 de agosto de 2013

¿Elegimos con la cabeza o con el corazón? Cómo tomar la decisión correcta.

Pasa a menudo que tomamos una decisión y por alguna extraña causa, el eco de ese impulso nos acompaña durante un tiempo. Asoma a través de las preguntas ¿habré hecho bien? ¿ Es esto correcto?

Sin duda, tomar una decisión trae una factura asociada, una abanico extenso que en forma de juicio nos sitúa en una realidad incómoda que la mayoría de las veces nos ubica entre dos mundos que no terminan por cerrarse. Así, estamos entre lo que deseamos dejar atrás y lo nuevo, que no se termina de abrir debido a nuestra incapacidad para confiar en lo que vendrá.

Es difícil, lo se. Es complicado separarse de lo desconocido y aventurarse en lo que será. Pero ¿qué nos pasa para tomar decisión y estar en constante diálogo con el juicio?

Cuando decidimos podemos hacerlo desde varios lugares. No es sólo la cabeza (el intelecto, la razón, etc) quien toma las decisiones. Muchas veces lo hace el cuerpo, otras veces el "espíritu" y otras el mundo emocional.

Sinceramente creo que no sabemos diferenciar (en realidad nunca nos enseñaron) qué centro motores nos hablan; de esta manera solemos ponerle toda la atención, darle primacía a la cabeza. El intelecto decide dentro del campo para que el que fue nacido. Hunde su dominio en acontecimientos que precisan saber de las consecuencias de nuestros actos, cuya ética se basa entre el bien o el mal. Distingue, clasifica, ordena, valora, etc. De esta manera nos ayuda a comprar un coche cuando tengamos dinero o a no caminar descalzos su hay cristales en el suelo.

Pero hay otro orden de experiencias vitales que no pueden ser medidas a través de este velo. Un orden de movimientos internos que nos están situando más allá de la realidad conocida, un bosquejo titubeante donde anida lo mágico, lo inexplorado, lo inefable. Ese lugar aún no esta bajo el imperio de  la palabra. No puede ser descrito, lo pasos no se pueden prever, ni planificar. Es el mundo de las decisiones traídas desde el corazón, desde lo invisible, desde aquello que cada uno sabe que es mejor para si mismo.

¿Qué nos pasa para decidir y no estar convencidos de lo que hemos hecho?

1. Tenemos miedo al juicio. Sin duda nos aterra que es lo que pensarán los otros de nosotros. Expresarse es un acto de valentía tremenda y habitualmente el resto de la gente que nos acompaña suele preferirnos iguales que distinto. Los amigos distintos, inquietos nos ofrecen un espejo incómodo. Así que antes de que me digan si esto esta bien o mal. Prefiero no decir nada. ( a este respecto hablaremos más adelante en un post llamado: ¿ Te has acostumbrado a tu jaula? Lo que ves no son ventanas, es el espacio entre tus rejas)

2. Tenemos miedo a lo inexplorado: Allí, más allá de lo que conocemos se esconde una orbe de escenas imprudentes que abren un universo de experiencias por vivir. En ese mundo de nuevas maneras, nuestro disfraz cotidiano se desdibuja. ¿ Qué me pasa si me enfrento a la soledad? ¿Qué pasa si me enfrento a la compañía? Pasan cosas nuevas, pasan cosas nuevas y la necesidad de comprenderlas. Pasa que tengo que rellenar de vuelta con nuevos significantes aquello que me rodea, explorar nuevas emociones, nuevas maneras de sentirme en el mundo.

3. ¿Quién decide por nosotros? Este tema es interesante, a mi sentir. A menudo no podemos dar un paso porque nuestra cultura y sobre todo nuestra familia no lo consiente. Tenemos que ser fieles al sistema familia. Digamos, en resumidas cuentas que lo que todo ser humano quiere es el amor de su padres, gran parte de nuestras decisiones o bien provocan rechazo o bien hace que se sientan satisfechos. En cualquiera de estos dos  casos esas decisiones están relacionadas con el ser queridos o visto por nuestros progenitores y a la vez por nuestro sistema familiar. A menudo, los hijos solemos hacer cosas que nuestros padres no ser atrevieron a hacer. Y lo hacemos con amor e un hálito de decirles "papa/mama yo lo hago por ti". Lo más natural es que el sistema no nos deje hacerlo, es un espacio prohibido. Esa prohibición por hacer lo que queremos por nuestra familia fue a su vez vetada por nuestros bisabuelos a nuestros abuelos y así en una red sistémica y meta genealógica. Por tanto cuesta esfuerzo y sudor. Aunque meternos aquí es abrir otra discusión digamos que es preciso aceptar que nuestras padre lo hicieron lo mejor posible, que les queremos y que agradezco lo que me habéis dado; Pero es momento de seguir caminando yo mirando al futuro y no mirado a lo que fue.

Volviendo al tema. Un chico deja un trabajo "ideal" para pasarse a un trabajo donde siente que va a estar mejor. No sabe porqué, pero siente que allí será feliz. Que los compañeros y el espacio no le limitarán y a su vez, que el público que recibirá su producto será más afín con su objetivo vital y no tendrá que estar peleándose por encontrar un sitio(1).

Toma la decisión (luchando contra todo su arsenal intelectual) y decide ponerse a caminar.

Días después asoma el miedo (2) quien le pregunta ¿has hecho bien? ¿ no quieres rectificar?. Tomar un decisión tiene esa factura asociada. El impulso primigenio, la matriz inicial de nuestro paso al ser pensada se desdibuja en mil posibilidades. La duda esta servida. Me quedo inmóvil.

¿Quien decide por nosotros? Nuestros Padres. El ideal de que la "vida es esfuerzo " o "la vida es aguantar y trabajar". ¿Quién mueve el impulso de nuestro andar? ¿De quién tomamos la fuerza?

Algunas decisiones son la necesidad de nuestro corazón, y su mundo es el bienestar. Su mundo no se mide ni se calcula, ni se prevé. Sólo puede ser sentido. Confirmado tras una respiración, la sensación de felicidad y convencimiento con que te estás siendo fiel.

Propongo lo siguiente para decidir:

1. Lo primero es lo que verdadero. Aquello que tu estatus o tu máscara no ha sabido atajar ni filtrar a través de las palabras correctas. Aquello que aún no ha pasado por matiz de lo que debes ser. El impulso habita en el matiz de lo que quiero ser.

2. Confía. Mañana no existe. Mañana es un invento de nuestro cerebro, la enfermedad de una emoción que se desdibuja en un presente que se abre a cada instante. Confiar es sentir que a tu alrededor el mundo se abre. Confiar es estudiar, observar una rosa y aprender que por mucho que la gritemos, no va a crecer antes. Confiar es entender que lo viejo no da paso a lo nuevo. Confiar es comprender que venimos con una carga que no acompaña, que por su propio peso puede llevarnos al suelo o puede servirnos de pretexto para otear el horizonte desde mayor altura. Confiar es no saber lo que va a pasar y sentir la humildad de estar vivo.

3. Lo peor que te puede pasar en la vida es que no te pasa nada. Estar siempre en la orilla del mar, observando el oleaje, imaginando cómo debe ser eso del bañarse, reduce nuestras experiencias a conceptos. Creemos conocer algo porque lo pensamos. Pero también hay muchos tipos de conocimientos (así como muchos centro de movimiento existencial: ya dijimos: intelectual, emocional, motor y espiritual), y la experiencia de sentirse dentro del agua es indescriptible y ahí estamos los poetas tratando de traer al mundo de las palabras sensaciones que se escapan. Tratando de meter aire en los bolsillos.  Lo peor que nos puede pasar es ser lo de siempre. Es que no nos pase nada, es no tener nada que contar. porque el ser humano es un ser que necesita historias para desarrollarse. Para inscribirse en el mundo. Lo peor que nos puede pasar es no tener nada que contarnos, sentir que hemos vaciado la vida.

4. Allí habita lo mágico. Comprendamos. Aquí lo conozco. Aquí estoy yo con mis artimañas de sentir que lo controlo, que puedo con ello. No hay ningún escape y de haberlo lo nombro zona prohibida. Esto nos hace sentir la ilusión de controlamos lo que nos pasa al rededor. ¿Has probado el aprendizaje tan maravilloso que habita tras el miedo? ¿Has pensando que el miedo te esta llamando para enseñarte? ¿Has probado a dejarte nacer en un lugar des-nudo (sin nudos)? ¿ Has probado a no mirarte ni escudarte en el teléfono cada 5 minutos y dejarte sentir por lo dice el paisaje? Allí no hay máscara para mí. Ahí estoy yo, frente al mundo. Frente a lo desconocido, frente a nuevas emociones que lidiar, nuevos colores que nombrar.

Si tienes miedo al hacer algo nuevo. Estas haciéndolo bien. Pero no pienses demasiado, que razón y miedo no se llevan bien. La razón busca lo bueno para ti, pero el miedo: Quiere lo mejor.


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Notas al pie. 


(1) Estar en tu sitio: 


¿cómo saber si estas en tu sitio? Responde estas preguntas:

- ¿Enfermas?
- ¿Te sientes cansado?
- ¿Usas lo recursos que tienes a tu alrededor?

Si enfermas, te cansas y no usas los recursos (materiales y humanos) que están cerca de ti. No estas en tu sitio.

(2) El miedo, aunque escribiré pronto largo y tendido sobre él, no es más que la sensación que nos indica que algo nuevo va a suceder. Algo que nos ayudará a abandonar las habitaciones perdidas, algo que nos situará frente a nosotros como actores de nuestra vida, y no solo como meros espectadores.


domingo, 12 de mayo de 2013

Ascender de tu familia. La mirada sistémica



















Es muy común que digamos eso de "soy de descendencia catalana, aragonsa, etc". En este post vamos a tratar de ver cómo al decir que descendemos estamos poniendo la mirada en el pasado, y como esa manera de ver arroja culpa y pasadumbre a nuestro andar.

Al decir que descendemos, de alguna manera, sentimos que nos vienen dadas las maneras que nos definen, y nos sentimos segundos en el plano de la vida. Como que han sido nuestros ancestros quienes nos han hecho ser de ésta o aquella manera.

lunes, 15 de abril de 2013

Saber pedir. Equilibra tus relaciones de pareja.

Habitualmente en las sesiones de terapia me encuentro con algo que sin duda es viejo conocido mío. Sea: Saber pedirle a tu pareja. Cuando hablamos de saber pedir, hablamos de algo más profundo y potente, pues en realidad quien sabe pedir se está abriendo a la experiencia del saber recibir.

Suele suceder que uno del tándem amoroso es quien lleva las riendas, quien decide, quien pone el dinero o quien se regala más, en definitiva. Uno de los dos "da" más de lo que recibe. En este sentido solemos tener un fantasma, o también llamado introyecto, que es quien comienza a ofrecer desigualdad en la relación. Si bien es cierto que se podría navegar más profundamente en las razones y llegar a conocer porque soy de esa manera cuando establezco relaciones afectivas, existe una pequeña observación que seguro que podemos hacer todos. Esta es: saber pedir.

Saber pedir fortalece a uno y a la persona que con la que convive nuestro corazón. No pedir, debilita al otro y por supuesto a uno mismo. Cuando estamos acostumbrados solamente a dar o a cuidar indirectamente estamos creando una relación asimétrica con nuestro igual. Eso produce efectos muy dañinos para la salud del amor. Pues entran aquí mecanismos infantiles, donde un padre da a una niña o un madre a un niño. Pero el amor sincero, el amor de camino y horizonte, sólo puede existir entre hombres y mujeres, el amor maduro tiene que dignificar la posición adulta del amor. Así pues, tenemos que aprender a pedir para situarnos dentro de la pareja.

¿Qué quiere decir saber? ¿Esto no me situaría en un relación muy asimétrica y caprichosa? Claro, depende de lo que entendamos por pedir. Tanto el pedir como el dar son muy dangerinos cuando esa energía no se renueva y mueve. Una persona que pide que le acompañen al médico porque le da vergüenza o que le pide dinero a su pareja constantemente no es que solamente este pidiendo, lo más importante es que se esta impidiendo crecer y ser ella misma. Aquél otro que da y no pide nada a cambio también. Pues si damos protección, arreglamos la ropa o damos dinero esta debilitando al otro y no le dejamos crecer y formarse en persona. y en lo que respecta a nosotros, tampoco nos permitimos ser adulto. Pues un adulto no da sin recibir nada como gratitud. Ese adulto que da sin recibir es, en definitiva, un adulto con miedo a ser vulnerable. 

¿Qué puedo hacer con todo esto? ¿cómo lo aplico a mi pareja y el bienestar de mi relación? Pueden sin duda poner sus inquietudes aquí y trataremos de darle enfoque.

Nosotros sin embargo, proponemos el siguiente bosquejo que quizás nos ayude a darle marco a lo que intentamos explicar.

- Me dirijo a mi pareja como "pobrecita" ella sufrió mucho: Esa manera de relacionarnos con ella la debilita y nos sitúa en un amor ciego. Lo mismo sucede cuanto la tratamos con diminutivos. Por ejemplo (Marianita).
- Cuando necesito algo y mi pareja se ofrece le digo: Deja, ya lo hago yo.
- Siempre que salimos: pago yo la cuenta
- Mi pareja me cuenta sus "problemas" y yo escucho pero no la acompaño desde el corazón y me limito a escuchar como si fuera un contenedor
- ...

Aprender a pedirle a tu pareja, y aprender a dejarte ser. Pedir que nos ayude, una ayuda desde el corazón, una escucha emocional. Aprender a pedir, a compartir.

Si bien es cierto que ahora tendríamos que establecer un poco mejor qué es eso de pedir. (pedir que cambie no sería algo permitido, pues pedir que cambie la persona es que estás buscando otra, entonces el trabajo a realizar sería porque tú estás en una relación que a los ojos de tu corazón,  es imposible).

Atendamos pedir como dignificar el amor que nos sucede, pedir como situarnos en la vulnerabilidad del depender, pues aprender a pedir nos ayuda a ser independientes, desde la aceptación de la dependencia del otro.


lunes, 11 de marzo de 2013

Maestro: Pon tu energía en quien te escucha



A menudo los maestros o artistas solemos fundamentar un error de base. Esto, en realidad está imbricado con una extraño mecanismo que parece caracterizarnos hoy en día. Quizás es porque no nos acostumbraron a recibir cosas bonitas, quizás es que nos gusta el lodo, quizás es que nos sentimos incompletos o quizás, necesitamos sentir que todo es perfecto y eso nos imposibilita.


Sucede dando clase o un espectáculo. El maestro, el tallerista, el facilitador o el artista está frente al público y de pronto alguien no esta atento; alguien reacciona de manera que sentimos que nos está atendiendo a nuestras lecciones o nuestra canción. Entonces, ponemos toda nuestra energía en que esta persona que no atiende, lo haga.


¡Con toda la falta de respeto que supone eso! ¿queremos lo mejor para él o para mí? Quién necesita eso? ¿Necesitas que el otro sea feliz o que tu ego reluzca?


Los maestros solemos decirle al niño: ¡Atiende! Si nuestro tacto es mayor hacemos juegos para que no sea la atención la que nazca de él, si no para asumir que la responsabilidad del proceso de aprendizaje es compartido. Sin embargo, mientras gastamos energía, enfadándonos en porqué ese niño o esa persona del público no estaba imbuido: Perdemos el respeto por quienes nos escuchan.


¿Porqué sucede esto? Quizás la respuesta no tenga tanta importante como lo tiene la pragmática solución. ¿Para qué necesito que todos me escuchen? ¿Para qué gastar energía en quien no está disponible?


Y los maestros o comunicadores, enojados no conseguimos salir de eso. Cuando pones tu energía en lo carente, olvidas lo posible. Ver sólo quien no escucha y llevártelo a lo personal es una de las competencias que el maestro debe asumir, y es necesario que comprenda que el hecho de que no te escuchen no quiere decir que no sepas hacer bien tu trabajo. Puede ser que no esté disponible; a veces los seres humanos necesitamos estar en otros lugares en vez de en la palabra del otro. Entenderlo es aprender con el otro.

Quizás si que podrías decirte ¿porqué me obsesiono con que TODOS tienen que escucharme? ¿porque me llevo al lado personal esta situación?¿ Porque me fijo en lo que falta o no en lo conseguido?


Maestro! Artista!: Pon tu energía en quien te escucha, no en quien no está disponible.


jueves, 28 de febrero de 2013

¿Tus miedos? Tus posibilidades

Ves aquello sómbrico, aquello que habita como ausente, que se viste como al ras cortado por un gélido lazo de espesura y niebla. ¿Lo ves? ¿ Lo sientes? Se deja conocer porque tras su rostro asoma un engranaje a priori inmóvil; carga sobre su espalda una densa capa de palabras indecibles. Huele a desconocido, a imposible. Es casi una locura darle forma, textura, sitio... Quizás porque se conjuga con la misma gramática con la que se conjugan los abismos, los precipicios o las abislálicas fronteras,  todas aquellas quienes portan, tras sus limites, la apertura de un mundo por des-cubrir.

Primero se siente como freno, entonces el corazón palpita haciéndole presente al férreo director de orquesta, que está comenzando a dar paso una emoción. Ahí, el cerebro confuso; trata de poner orden a esa torrente de sindecires y retahílas invisibles. Hunde más la presión sobre las arterias y hacen su aparición soldados convertidos en jueces exigentes que buscan la protección de la costumbre pensativa. ¡ No lo hagas! ¡ no cedas! ¡no escuches la voz que desde el vacío te llama! Reside en tu ego, reside en lo conocido.

El calor se hace tembleteo y tan sólo puedes agazaparte tras tus trincheras. Inmóvil  deseando  de una vez por todas ese ataque culmine y puedas sentirse a salvo de nuevo. El miedo se hace más fuerte cuanto más te escondes de él. Su fuerza reside en nuestra incapacidad para verlo. Es así como se hace gigante. Normal, ¿verdad? ¿A qué se le puede tener más miedo que aquello que no tiene forma? A medida que nos escondemos en nuestras rodillas, asoma su aliento por detrás, congelándonos por completo.

Tómese nota del osado, que sin darle verbo a esa apariencia, discurre como poseído arramplando todo en su andar, con su mirada puesta en un objetivo claro: Cruzar esa sala llena de él mismo. Tal personaje, al llegar, nada ha visto, en nada se ha detenido. Pues tan sólo quería pasar el mal rato. Pero quizás los malos ratos no hay que pasarlos; quizás los malos ratos... hay también que habitarlos.

Ahora asoma el valiente. Se levanta frente al miedo y lo observa. Se queda prendado de su particularidad, del complejo cúmulo de piezas que le conforman y simplemente: Valiente y miedo, se miran. El uno intenta despavorido hacerse ver, es tan grande la energía que contiene y tan poco el espacio que en su vida le han dado que no sabe usar otro lenguaje que el de la energía creativa. La energía de la presencia. Sus brazos son como los de un adolescente que no controla su fuerza. -Es eso- Comprende el valiente. El miedo es como un lobo con quien nunca jugaron (como muestra la película de Big Fish). Así crece él, sólo, descuidado, sin nadie que le peine, le acaricie, le tome en cuenta... ¿Cómo se sentiría cualquier persona así? ¿cómo te sientes cuando no te nombran?¿Cuando no te cuidan?

Sin duda el miedo se hace ver, y lo hace leal a su esencia. Pues es el quien nos hace caminar, crear, actuar, imaginar, inventar. De él nacen las raíces del árbol de la creatividad y aladuría. Es el miedo quien no avisa de la tempestad de lo desconocido, quien nos ayuda a reconocer cuando algo va a merecer esfuerzo, es él quien nos empujo hacia el hábito de lo improvisativo, quien crea un celoso pensar sobre todo aquello que llamamos seguridad.

Todo aquello que es nuestra "zona de seguridad", allí donde el reino del pensamiento y los conceptos anidan y caminan a sus anchas no hay aprendizaje. No hay nada nuevo.

Tras el miedo habita la magia, habita lo diferente. Miren por un instante todo eso que llamamos miedo, y digan "tengo miedo a la soledad" y luego también digan "deseo la soledad". Posiblemente al decirse "deseo la soledad" aparezcan numerosas posibilidades, sensaciones nuevas, emocionen que nos sitúan más allá de lo cotidiano.

Recordemos: No podemos saber qué hay tras una decisión. Sólo podemos saber lo que sentimos al tomarla. Y que tras ella vendrá algo nuevo, diferente. Algo que nos hará sentir distintos. Que nos vestirá con un nuevo vestido, con un nuevo lenguaje. Cuando empezamos a pre-decir qué me sucederá tras esta decisión nos perdemos en las fantasías que a nuestra mente tanto le gusta construir.

Por eso, si sentimos miedo, aprendamos a sentirlo, dejemos que nos atraviese, que nos inunde y nos empujo. Tras él encontraremos un mundo nuevo, un mundo lleno de posibilidades, de magia.

Un universo donde quizás dejemos de decir eso de "ufff... me nos mal.. y pasó este mal trago" y consigamos, con confianza, sentir "vaya! mira quién vino... a ver qué me vienes a enseñar"

martes, 26 de febrero de 2013

Hazlo "como sí"

Habitualmente en los cursos que imparto y por mi experiencia en el mundo de la pedagogía he observado lo importante que es "dejarse la piel" haciendo algo. Cuando digo dejarse la piel, me refiero a entregarla, a dejarte llevar hasta el extremo por lo que puedes llegar a ser y no por lo que eres ( o más bien, crees que eres)

Ahí reside el poder mágico de la imaginación, del aleteo creativo. En el instante que dura la experiencia creativa, puedes ser lo que quieras. Porque cuando haces algo y ese algo esta invadido por el miedo y la inseguridad, obtienes resultados que son precisamente la respuesta a lo que "crees" acerca de ti.

Pasa mucho cuando la gente canta: No se atreven a soltar la voz que llevan dentro y se escuchan débiles. Enseguida aparece el juicio y dice: -¡Ves! ¡no sabes! ¡no puedes! ¡no debes!

Sin embargo, en cuanto la persona abandona esa inseguridad, ese juicio y se deja llevar "como si" fuese  un cantante profesional, o "como si" fuese un individuo libre y ajeno a la exigencia, brota espontánea una fuerza que le lleva a conectarse con aquello que vive bajo sus miedos. Toma es fuerza y la expresa,  con una pureza y contundencia aplastantes.

Por eso, canta "como si" supieras, porque sabes. Baila como si supieras, ¡porqué en realidad sabes! No nos quedemos con cómo canta el otro, con cómo hace el otro. Busca una mirada que te acaricie y te suavice por dentro y permítete ser. Eso es una de las maravillas escondidas del arte en general y más concretamente del arte aladúrico.

Aunque será motivo de otro post escribiré sobre "la importancia de  recibir clases de algo que no sabes para ser un buen maestro" es fundamental que sintamos límites, incapacidades, miedos. Cuando lo tengamos dejémoslos bailar y observemos como "eso" que no nos deja ser, tiene su sitio. Entonces, mágicamente, dejará de ser un bloqueo.

Al hacer algo, hazlo como sí supieras, como si fueses "el mejor". ¡Porque en realidad lo eres! Eres lo mejor que puedas ser, importante imaginar dentro de ti la imagen que estás proyectando, cómo crees que te estás viendo desde fuera. Usa una mirada agradecida, gentil, calmática. Y no escatimes en fantasía.

Hazlo como sí, ayúdate de un personaje inventando por ti. Proyecta la fuerza de la posibilidad y no de la carencia. El concepto que tenemos de nosotros podemos crearlo con tristeza, con límites con posibilidad. Y estamos muy acostumbrados a llamar mirarnos con cierta imagen de humildad denostadora  y no nos decimos nada bueno a menudo. Tenemos vetado el campo de decirnos: ¡qué bien hago esto o aquello! No solemos decir eso, pero no tenemos problemas en juzgar oscuramente nuestros actos emotivos espontáneos; y resuena dentro de nosotros - Tenía que haber hecho esto en vez de aquello- y lo peor de todo es que a eso lo llamamos "ser objetivo". No. No es objetivo quien dice las cosas malas, ni si quiera quien la dice. Es imposible ser objetivo, básicamente porque somos sujetos que el ver imprimen sus emociones en lo que están viendo y lo que esta siendo visto cambia la mirada de quien ve.

Porque no pruebas a decirte: Yo se, yo puedo. Y te lanzas a la experiencias. Te esperan cosas preciosas,  te lo aseguro. TE espera un mundo nuevo, de sensaciones nuevas, de impresiones nuevas, de emociones distintas. No te quedes con lo que dices de ti, inventa un personaje y más tarde regresa con él a la realidad que habita. Cuando cantes, canta. Cuando bailes, baila. No te quedes a mitad de camino. la libertad no se intenta, se camina y siente en cada paso. Deja tu huella en el suelo, pisa y fuera y ten la confianza de de decir: Esto es mío.






lunes, 25 de febrero de 2013

Encuéntrate con tu voz. Curso Regular





No crean que es un curso destinados a gente que sabe cantar. Es quizás, todo lo contrario. Es un curso en el que los asistentes simplemente se encuentran con ellos mismos. Con su VOZ, y con ella y junto a ella, se transforman y descubren.

La voz posee la particularidad de envolvernos en el mismo proceso de aprendizaje. Nos permite estar en lo que decimos y lo que escuchamos a la vez. Es tremendamente valioso poder ver y sentir esta experiencia. En el curso hay una parte que es teatral y otra que es cantada. La cantada es puramente improvisada. El cantar improvisadamente los ofrece el vértigo de tener que decir porque si no te caes. Gracias a eso tomamos más consciencia sobre nuestras posibilidades  nos ayuda a reírnos de nuestros fracasos y nos permite ver el tesoro escondido que habita tras nuestra desconfianza. Nos conecta con la sorpresa.



Para más información. Os dejo el esquema del curso.



Encuéntrate con tu voz

Curso regular 2012-2013

El curso tiene por deseo generar un espacio de aprendizaje y comunicación entre los asistentes y el tallerista. Se buscará, por encima de todo, ofrecer un ambiente de comunicación y respeto propicio para la práctica de una comunicación sana y activa. Un espacio de transformación a través de la música. 

Los objetivos generales a conseguir están encaminados a: 

1. Fomentar una mejor relación con la voz 
2. Ofrecer herramientas de observación y transformación a través del trabajo con el cuerpo y la voz

Más específicamente: 

Fortalecer las potencialidades de los asistentes
Generar un ambiente de comunicación sincera y sana
Fomentar la práctica espontánea en la resolución de conflictos
Fomentar la creatividad del universo musical
Ayudar a perder la timidez y reconciliarse con la voz propia. 
Fomentar situaciones de encuentro con el resto de los compañeros 
Educar la mirada y la escucha
Fomentar las situaciones necesarias para formar un laboratorio de experimentación conjunto. 
Reconocer las emociones vinculadas a la voz
Ofrecer pautas de salud vocal 

Todo eso lo trabajaremos a través de: 

Trabajo de la Voz y la Palabra. Teatro Improvisado, Canto Improvisado, Escucha Activa, Ejercicios de percepción y relajación, Psicodrama, Escritura creativa, Teatro Espontáneo. Movimientos Sistémicos. 

Para más información 
www.danzapalabra.org o escriban un correo a danzapalabrapedagogia@gmail.com 

Julián Bozzo es músico, cantante y pedagogo artístico. Lleva desde 2003 desarrollando talleres de música e integración social en la infancia como artista de la Fundación Yehudi Menuhim. Así mismo, ha trabajado durante cuatro años como coordinador de proyectos pedagógicos en el ámbito de la Pedagogía Narrativa para la Fundación Tomillo. Se ha formado en pedagogía sistémica y psicoterapia Gestalt, Teatro Improvisado y Teatro espontáneo; y es miembro de dos compañías de teatro improvisado musical y sonorisita-repentista de la Compañía Impronta Teatro Espontáneo. Actualmente compagina su actividad de música profesional con la de investigación dentro del ámbito de la pedagogía narrativa y la improvisación.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Pensar es enfermar de futuro



Y pasa que el cuerpo nos avisa, nos dice en su lenguaje de manta austral el oleaje propio de las partículas que se desestabilizan. Un leve pulso entre el presente y el futuro, la frontera palpita y queda la piel y los músculos como testigos únicos del torbellino emocional.


Y somos tan ancianos en realidad que enseguida buscamos una causa a nuestro sentir, "nuestra enfermedad es la de querer explicar" decía Wittgenstein; son tan pocas las cosas que merecen ser atadas, tan impropio de los niños, de su juego...


Ahí estamos los adultos ciegos y temerosos, tan perdidos en el mar de amor, de la vida; que si sube la marea pedimos factura a la luna, si desaparece el sol obligamos al reloj a cambiar de día y somos incapaces de tumbarnos boca arriba en el océano y aspirar suave la fragilidad eterna del presente;


Porque el presente es eso, un abandono panza arriba en la matriz celular de la savia del mar, un niño asombrado por el lenguaje de los árboles.. siempre nos arremeterá el mismo oleaje, nos podrá el miedo, la desconfianza de maremotos anteriores.. tan simple y al vez tan complejo..


La inocencia es la que nos hace buscar primero el todo y luego las partes, primero el tejado y más tarde el hogar.. y pensar, pensar, pensar, interpretar.. y así existir.


Y nuestros ojos enferman de tanto pensar, porque pensar en enfermar de futuro...
es enfermar donde no hay nada.


Y siguen nuestros ojos en su odisea de querer juzgarlo todo... de querer ver pasar una río como algo estático, de ver pasar una paloma y reducirla dentro de una poesía.. ver una boca y querer hacerla suya.


Nuestros ojos cuya única misión es la de observar.


Agarran.


Y entonces enferman.


Y no se puede pensar una rosa.

Porque pensar es enfermar de futuro.
La rosa es roja huele hermoso, tiene pétalos suaves y su cuerpo esta protegido con espinas


Y pasa que el cuerpo nos avisa, nos dice en su lenguaje que somos más la intención que el mensaje, que somos más el susurro que la palabra... que somos más la trama que el desenlace.

y pasa que nuestro cuerpo nos avisa pero no le damos tiempo suficiente porque siempre hay que explicar dar cuenta ante el juez darle a todo un sitio una explicación.

y siempre nos pasará igual.

No se puede pensar una rosa sólo podemos olerla sentirla, tocarla y poco más

Porque pensarla es robarle su presente
Porque pensarla es enfermarla de futuro.




sábado, 24 de noviembre de 2012

Nos enseñaron a perseguir el éxito


















Nos enseñaron a tener éxito, a perseguirlo, a domarlo... Pero no nos enseñaron a compartirlo, a disfrutarlo.


Nos enseñaron a perseguir.


Y en esas andamos, fijos, inmutables, con la mirada atenta a que suceda todo aquello. Ajenos a lo que vibra cercano. Y así vivimos, persiguiendo al éxito... Como si su naturaleza fuera esquiva, como si el corazón de tal empresa, estuviese hecho del material impalpable del que están hechas las nubes.

miércoles, 10 de octubre de 2012

¡Ah! ¡Eres Músico!... ¿Y de qué trabajas?


Cuando comencé a estudiar pedagogía, nadie me dijo: Espero que tengas suerte, que seas un catedrático reconocido, que tengas un gran despacho y que viajes por todo el mundo con hálito de transformar lo conocido. Que encuentres logros y éxitos...

 Nadie dijo tal cosa. Cuando empecé a estudiar pedagogía, nadie me dijo nada.

Sin embargo, a medida que iba terminando la carrera y me empezaba a dedicar a la música  y en cierta medida al teatro, la gente si me decía... ¿te vas a dedicar a la música? Espero que tengas suerte y que seas famoso, que ganes muchos premios... ¡qué valiente! decían algunos... Vales mucho.. ¿porque no vas a la televisión? Seguro que ahí te ven y te cogen... bla bla bla...

Y en 2007, cuando decidí aparcar mis estudios de postgrado y comencé a vivir la realidad musical... encontré innumerables códigos, rémoras, actitudes frente a la vida que en la carrera de pedagogía y en la vida diaria jamás había visto.

De las primeras cosas que observé fue como el mundo artístico era estrecho, competitivo, incapaz de fluir por fluir, de darse a la entrega desinteresada. Observé con incredulidad que yacía cierta sombra junto con los artistas, que buscaban la excelencia y el reconocimiento y que se limitaban a encontrar un asidero donde sentirse cómodos y reconocidos.  A mi esto me pareció muy violento y no lograba entenderlo. Yo venía de la Pedagogía, mundo en el que como todos, es necesario el esfuerzo para lograr una meta (ser catedrático, o doctor, o director... tiene un camino más o menos claro), y además de esto, la Pedagogía es un discurso que en su aprender logra hacer entender lo importante que es la calma, la confianza, el ritmo y la originalidad en los procesos. Allá en la carrera, tenía un camino claro. Además, tenía sitio dentro de la universidad y sólo necesitaba una firma para continuar con mis estudios y encontrarme, al cabo de unos años, en el despacho de alguna universidad dentro de un departamento pedagógico.

Sin embargo, decidí inclinarme por la música. Y esta decisión fue claramente por vocación pedagógica. Sentía que tenía la cabeza muy bien amoldada, pero que necesitaba conocer, para completar mejor mis estudios, la realidad externa. Un Pedagogo es un ser y un sentir que actúan conjuntamente. Y tiene que ir donde su corazón vibra.


Entonces compaginé mi carrera musical con mi trabajo en varias fundaciones destinadas a la educación social.

El mundo laboral pedagógico no requiere reseña ni comentario en el tema a tratar este escrito. Es un mundo como cualquier otro, en el que si te esfuerzas y te haces notas y valer, puedes lograr ascender y tener mejor puesto al cabo de los años. Repito: hay un camino, unas normas, un reconocimiento, una sensación de avance, un horizonte.

Sin embargo, en la práctica artística no hay nada de eso. En la práctica artística sólo hay palos de ciego, intentonas locas que al final logran que los artistas estemos enfrentados.

¿Qué le pasa al mundo artístico? ¿Porqué es tan difícil lograr vivir de la música? Estas son algunas de las preguntas que últimamente me hago, y para las que me cuesta encontrar respuesta.

Siento que es porque la música no tiene una visión de futuro, porque quizás somos vistos como héroes en la oscuridad de la noche a los que un golpe de suerte les hace salir del anonimato para terminar siendo conocidos. La finalidad del músico... es ser conocido. Pocas veces se habla de un músico com alguien ducho en lo que hace, una auténtica eminencia en su campo. Obvio es que aquéllas personas como Tomatito, Michel Camilo o Paco de Lucía no entran dentro de la inquietud de mi escrito, pues  comparándolo con la pedagogía sería como hablar de Max Van Mannen o  Richard Rorty, es decir, gente que por capacidad y maestría se sitúan en un universo de virtuosismo alejado. ¡Bien por ellos! Han dedicado sus días o bien a la práctica del instrumento, al cultivo de su imaginación y genialidad o bien han leído, reflexionado y propuesto horizontes invisibles para casi todos y entre ellos han encontrado un reconocimiento.

Sin embargo, un pedagogo cualquiera puede trabajar y dedicarse en mayor o menor medida a su labor educativa. Puede entrar en un centro y trabajar de educador y ahí tener la seguridad de un sueldo, de un espacio donde practicar y mejorar. Pero un artista no tiene nada de eso. Un artista tiene que buscar un hueco, tiene que enfrentarse a la ausencia de logros, tiene que repensar su duende, practicar y practicar por un sueldo mínimo que gran parte de las veces no encuentra continuidad.

Y es ahí donde el artista se encuentra constantemente frente a una realidad que le puede. Todo son muros para él. Esfuerzos que desmotivan, logros que raras veces sedimentan.

Somos una sociedad que no sueña, que no quiere transformar. Los artistas son transformadores, generadores de versiones del tránsito que supone la vida. Personas que aportan a la vida aspectos fundamentales para un desarrollo sano. Sin embargo, los artistas que no queremos hacer obras de teatro de Zarzuela o grupos musicales que no quieren hablar de la novia que les dejó tenemos los días contados. Al menos en este país, al menos este lugar en el que decir que "soy músico" la gente te pregunta... genial!!! ¿y en qué trabajas?


Un sociedad sin artistas es una sociedad muerta. Es una sociedad ciega a los procesos distintivos de la vida, a la confianza en procesos de realidad distintos. Pero más allá de los recortes de un país que se desmorona, están los individuos, que a su vez han sido criados en leyes educativas ciegas y alejadas de la realidad. Somos ciudadanos "anómicos", (término empleado Durkheim para designar la falta de normas sociales para orientar a un individuo, y como ello lleva a los sujetos a estar en la vida como piedras).

Ser artista es ver la realidad con otras gafas, muy a menudo con cierto tinte visionario. Muchos de ellos han sido reconocidos tras su muerte y ya llegados a la vejez (y en este caso me refiero a artistas creadores, no intérpretes de grandes orquestas). Me refiero a que un artista como si  de un niño con fracaso escolar se tratase, ve la realidad y la impugna. No se la cree. Un artista no puede ser un minero en busca de riqueza, y es en lo que nos hemos convertido. Buscadores de riquezas, de reconocimiento por encima de nuestra arte, que es el que nos hace vibrar, sentir, comprender la vida desde otro punto de vista.

Pero no tenemos sitio... y nos pasamos gran parte de nuestro hacer artístico luchando contra salas (y ni si quiera ella saben todo el mal que están haciendo no confiando... cavan así su propia tumba), buscando maneras diferentes de promocionarnos, contactando con otros artistas,  buscando trabajos... y cada vez menos tiempo para escucharnos, para sentir lo que nos mueve. Cada vez más ira, más ceguera, más rencor, más miradas de reojo... y más ruido



¿Qué pasa para que un músico no pueda tener una carrera musical? ¿Porqué de tenerla tiene que ser entre éxitos de grandes giras? ¿o teniendo una canción del verano? ¿Porque él artista no puede tener un sueldo, una seguridad, un reconocimiento social? ¿Porque el artista o es tremendamente mísero o tremendamente rico? ¿Qué pasa para que no haya nada en la mitad?


Es triste para un músico abandonar lo que siente que quiere hacer. Y también es triste para una sociedad. Porque es una sociedad que anula lo infantil, lo inefable, que no cree en la transformación. Pero sería cínico pensar que es el estado quien nos anula, con sus recortes y leyes educativas. Somos todos, la sociedad no es sólo la suma de individuos. Además, la sociedad limita y posibilidad, y todos quienes habitamos dentro de ella, podemos reflexionar,  sentir y ver. Podemos pensar y actuar de manera distinta.

Me duele ver como compañeros maravillosos  de las artes no encuentran su sitio y van ocupando puestos de trabajo que matan su universo creativo. Me duele ver una sociedad donde al final tienes que ser un títere para que te vean. Me duele que el país en el que vivo hablar de algo que no sea el abandono de tu novia no tiene eco. Me duele luchar por un mundo distinto en un mundo ciego donde si no compito y vendo mis aleteos, nunca encontraré un apoyo.

Y así estamos los músicos, promocionándonos en facebook, twitter... vendiendo a ultranza nuestro arte. "TIENEN QUE ESCUCHARME". Al final de camino quedan los de siempre. La realidad vence a los diferentes. La realidad quiere escuchar lo de siempre y a los de siempre. Quiere que distintos autores le canten lo mismo con distintos tonos, a menudo canciones que hablan de carencias, obras de teatro que repiten lo que han visto, películas que son remakes de películas más antiguas.

¿Cuál es nuestra opción? no se ni cuántos amigos míos actores son camareros, o cuántas bailarines trabajan poniendo copas o haciendo anuncios.... No se... Y ya digo que no es que sea difícil, es que parece que es imposible. Quizás es el país, la gente que lo habita. Quizás sea un discurso cultural que siempre fue así en estas tierras.

Todo es complejo. Uno no sabe si es que es malo haciendo su labor o si es que la sociedad no quiere escuchar los mensajes que el artista distinto ofrece o si es que en realidad no se quieren artistas que narren aspectos que confronten. Incluso puede ser que no se quieran soñadores, también puede ser que no queramos personas distintas, que sobresalgan (Resquicios evidente de nuestra ley educativa LOGSE y tantas otras). Quizás no es nuestro lugar, quizás España sea el peor lugar del mundo para ser artista.

Y así parece; dicen muchos que han viajado.

Y entre todo eso estoy yo. Sintiéndome como un héroe en búsqueda ciega de su éxito, convencido hasta la médula que quiero hacer lo que siento, aunque también sienta lo pedagógico como aleteo... Pero ahora, cerca del final de un año que se desvanece, en una mano tengo la música y el teatro y en la otra habitan mis estudios de pedagogía.

Y se que si abandono la música, el soñador se vestirá de negro y dejará de existir. Y es importante justificar (aunque parezca estúpido hacerlo) que el soñador no es un loco que no quiere trabajar... todo lo contrario, es la esperanza de los hombres grises que habitan este mundo, los soñadores luchan por los demás, pues sus sueños en génesis son los sueños de una humanidad distinta... aunque a veces termine siendo un individuo apático y esquivo... pero entiéndanle... sólo ha recibido rechazo.


¿Cuál es el lugar posible de un artista? ¿La incomprensión? Ser un pobre trabajando de cualquier cosa porque no puede dedicarse aquello que estudió y para lo que se formó... Entendemos que el caso muchos músicos, es el caso de gente que ha estudiado 12 años de piano... "¡¡¡Señores!!!!" ¿doce años estudiando algo para ser cualquier otra cosa? Y no lo comparo con un médico o un maestro que ha estudiando y está trabajando de dependiente. No tiene nada que ver. Ahí entran motivaciones personales, situaciones culturales y familiares, de alguna manera y en  algún lugar pueden encontrar un sitio (quizás ahora la cosa, esta mucho más difícil).

¿Para qué cantan los poetas? ¿Para qué bailan los danzarines? ¿Para qué el arte?

Cada vez que un artista abandona su sueño, pesa más lo contundente.


Cada vez que un artista abandona su sueño, la vida es más monótona.













domingo, 7 de octubre de 2012

Pedagogía Del Ocio: La cercanía como condición pedagógica del ser.


Primer bosquejo
Pedagogía Narrativa del Ocio



No hay máxima en educación que transitar el cuerpo, la cercanía. No hay otra en la ciencia del eco interior que supone la pedagogía que caminar en pro de la esencia, del mundo personal que habita uno. No hay nada más cierto en el camino pedagógico que ofrecer, ofrecernos la posibilidad de transitar primero del ser , más tarde aprender a parecer para finalmente aprender a estar. En el estar reside el cuerpo. Ese viajero que tanto ha visto, olido y probado. En el estar1 habita el reino del ocio, es en ese tiempo de no acción donde uno se enfrenta a sus miedos; porque los miedos no se detectan en la vorágine de la lluvia de la misma manera que no se diferencian las olas en la tempestad.

En la orilla de la consciencia habita un leve suaveo que nos acaricia los pies y es, en ese cosquilleo, donde el sujeto puede distinguir entre tierra y mar, entre fantasía y realidad. Ahí está- se repite- aquello es agua, emoción y esto otro es tierra, mismidad. El coraje, la valentía necesaria para abandonar sus pies al agua lo entrega la confianza en su proyecto interior, en aquello invisible que circula más allá de las venas. Y ese leit motive se aprende con la acción, creando hábitos en continua reflexión; aprendiendo a abandonar la rutina cuando aquélla nos duerme y aprendiendo a dormir cuando todo lo exterior carezca de referente.

<<...No hay palabras para aquello, decía un romántico; poesía se hace con la nostalgia y el recuerdo; la emoción se mueve, se grita... no se puede coger aire con las manos, no se puede meter aire en los bolsillos...>>

No hay nada más cierto en pedagogía del ocio que aprender a estar, a resistir y luchar. Aprender a conocerse. Y en ese trayecto personal habría que formular la posibilidad de aventurarse en mundos alternos, en fomentar la idea de la valentía como condición pedagógica del ser. De fomentar la conquista y la aventura en detrimento de la rutina; de promover la imaginación frente a la sumisión. De primar la acción frente al espectáculo.

En el siguiente ensayo se formulará la idea de cómo el ocio nos puede ayudar a ser personas más originales. Cómo dentro de él aprendemos a conocernos y a expresarnos según nuestra naturaleza interior.

El presente ensayo, no es más que eso, una tentativa que pretende abrir caminos de pensamiento alternativos que nos permitan formar a nuestros alumnos en mundos distintos a los que la escuela y la sociedad nos tienen atados.

Dicho esto y habiendo escrito lo que escribí; salgo ya la calle a crear islotes de felicidad.

1 Entendemos por “estar” la experiencia contraria a la huida, que resulta del resistir un empuje de fuerza mayor. Estar, en el sentido pedagógico del ocio hace referencia a la “consciencia y responsabilidad que uno tiene sobre su proyecto de vida y la valentía necesaria llevarlo a cabo”. Estar en un sentido Aladúrico es “quedarse bajo la lluvia hasta ver nacer de su olvido los colores propios del arco-iris”    

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Entender un ensayo de pedagogía y ocio, resume la necesidad de ubicarse en la línea narrativa que ambos términos reúnen. Si atendemos a la pedagogía como “un discurso a través del cual el hombre consigue adueñarse de la cultura transformándola, así como una relación donde el adulto ofrece al otro la posibilidad de ejercer su libertad privada gestando como punta la originalidad precisa de su ser”; su relación con el ocio es tremendamente importante y fecunda.

¿Qué es el ocio para el ser humano? ¿Qué importancia establece el tiempo que una persona vive con que éste sea una vivencia consciente? ¿Cómo se puede educar el hábito de un ocio saludable? ¿Qué es entonces, “ocio saludable”? Estas serán algunas de la preguntas que el presente ensayo pretende abrazar, no sin antes advertir que su enfoque será muy reducido limitándose a entender el ocio como “tiempo de no acción1 donde el individuo es capaz de volcar sus inquietudes y preferencias, así como rémoras, miedos y esperanzas”. El ocio es, de entrada una necesidad que el individuo no puede ni debe negarse. Negar el ocio es negar el tiempo donde el sujeto es capaz de “negociar la pérdida que supone habitar por la naturaleza”, es asimismo, el tiempo donde el ser humano da cuenta clara y existencial de las sensaciones vitales que le inundan2.

El tiempo de ocio, es un tiempo de quietud, de observación. Es un lapso donde el ser humano se separa de lo normativo para dar rienda suelta a sus deseos internos, un espacio de libre acción desde la libertad de no “terminar su proyecto” para que este sea visto, medido y filtrado por la sociedad; sino, simplemente, para habitarlo y desarrollarse a través de él.

Así pues, un rica cultura del ocio pretenderá situar al sujeto frente al tiempo para que sea, a través de éste, lo más consciente posible de las posibilidades que todo tiempo esconde; y que no caiga en un desgaste de rutina pasiva donde sólo sea un mero depósito de imágenes muertas y palabras anquilosadas.


Permitir que el ocio sea sólo ocio consumo, advierte la emergencia de negar un abanico posible de acción y desarrollo del individuo. El ocio consumo, el que se distribuye en grandes almacenes o el que se oferta en la programación televisiva, sólo es la cara de un poliedro cultural que estimula la creación de un ethos social donde el sujeto se afirma socialmente y encuentra un oasis existencial de referencia; pero no puede, la carga ociosa del individuo restringirse a consumir pasivamente un producto como mero espectador de sus actos, pues el hombre es ante todo, un nacimiento; un por venir; una apertura hacia la diferencia. Recordando lecturas de Hanna Arendt, tintinean en mi cabeza reflexiones traídas de ella como que el hombre es un ser que ha venido a comenzar algo nuevo. 

La tesis de este ensayo sitúa pedagógicamente la necesidad de un ocio rico, de un ocio donde el niño sea capaz de aceptar y asimilar la responsabilidad que exige el estar viviendo un tiempo único y propio. Porque de los dolores existenciales, más punzantes y econográficos  aquél que Sarte llamó "agonía del ser" marca su verdad en que el hombre, dentro de su fuero interno, siente la responsabilidad de sus actos y se yerguen frente como gigantes acusadores, espejos de consciencia que muestran, sin maquillaje,  las consecuencias de las decisiones tomadas y las sombras de las valentías mutadas. (el próximo ensayo se titulará "la valentía como condición pedagógica del ser")

Por tanto la práctica de una cultura del ocio donde premie la vivencia responsable de ese tiempo exigirá la misma responsabilidad en aquello que no es ocio. Es decir, el cómo tratamos nuestro tiempo del ocio, está íntimamente relacionado en cómo tratamos el tiempo de nuestras responsabilidades. (En este bosquejo narrativo no podemos olvidar que NEG-OCIO es la negación del tiempo ocio). 

Trabajamos para tener ocio; el niño estudia para tener ocio y además de estudiar para tener ocio; juega. Pero el juego, no es ocio tal como lo entendemos en esta tesis. el juego sitúa al niño en la realidad, posibilitando su acción con sentido inmediato y personal; invierte su ilusión y creatividad en una relación libre pero normativa donde existen reglas y su creatividad se siente amenazada y humanizada. El juego es así, el primer trabajo el niño, trabajo donde debe cumplir una serie de reglas y normas para obtener un fin: sea este; sentirse parte de un referente infantil y haber saciado sus inquietudes creativas, interpretativas y personales.

Si el trabajo es la actividad a través de la cual el hombre se inscribe en la sociedad, sea el juego quien introduce al niño entre otros niños que serán, el día de mañana, adultos trabajadores. Comprender el ocio como un estado de libertad y vocación presumen que en ese ocio el niño atienda a la necesidad de transformarse ese espacio de no acción.

¿Qué sucede en el tiempo de no acción?¿ Qué sucede en el tiempo cuando el tiempo no es reloj? ¿Trabajamos para tener ocio?

Los maestros... ¿podemos entender lo que supone a un alumno estar estudiando todo el día? Y nuestro rechazo habitual a que juegue en vez de estudiar... Para qué sirve estudiar? Acaso nuestro obsesión por decir "hay que estudiar" en otro introyecto pedagógico? 

Hace algún tiempo trabaja entre maestros y psicólogos y me impresionó ver que muy pocos de ellos, al llegar a casa, estudiaban, leían o reflexionaban acerca de los fundamentos pedagógicos... y veía como tampoco se formaban, ni asistían a cursos... Solían llegar de trabajar y ponían la televisión o se iban a tomar algo. Yo le decía: ¿Cómo puedes decirle a un niño que no juegue si tu tiempo de ocio lo estás tirando a la basura?

no es un maestro un ejemplo encorporizado? No es el pedagogo un referente dentro de la coherencia ser-estar-parecer? 

Hubo un tiempo que lo luché. Luego tuve la caída típica de aquél que por sentirse parte de algo, prefiere dejar de ser, para tan sólo parecer y así no sentirse islote. Más tarde volví a la esencia infantil, aunque aquélla es otra historia. 


Más tarde escribiré acerca de la relación con la familia, así como la historia del ocio y de cómo el arte, o más bien, una práctica aladúrica del arte puede ayudar a presenciar el arte como transformación y sanción. 

Aunque esto será más adelante. 












1 Entendemos “tiempo de no acción” como el tiempo que resta de las obligaciones del sujeto. Sea éste “el tiempo dedicado al trabajo, así como el dedicado a la cultura de la familia y el dedicado a las relaciones sociales.

2 Tengamos en cuenta la experiencia de surge a través de la agonía u otras experiencias emocionalmente negativas. Uno siente el rechazo cuando le rechazan así como la incomprensión cuando nadie le escucha; pero en el tiempo de ocio es donde uno puede aventurarse a la comprensión de todo aquello y puede aventurarse a desenmascarar las excusas que provocan esas emociones.